Receta erótica
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Material:
Disfraz de ángel Disfraz de demonio. Alas de ángel.
1. Déjale instrucciones para que se vista de demoni@. 2. Vístete de ángel. 3. Explícale el contexto: En el contexto de la Navidad Dios le va a dar la oportunidad de redimirse y volver al bando de los buenos. Pero para conseguirlo debe someterse a una limpieza espiritual. 4. Con mucho cuidado y delicadeza le vas quitando a la persona sus ropas de diablo. 5. Una vez desnuda del todo, la tumbas en la cama y procedes “limpiarl@” lamiendo y chupando todo su cuerpo. 6. Empieza por las partes menos erógenas y vete acercando a las zonas más sensibles. 7. Haz varios amagos. Por ejemplo: Dale a entender, por tus movimientos, que vas a lamer y chupar su pezón. Pero justo antes de llegar te detienes. 8. Cuando hayas recorrido todo su cuerpo con la lengua y la boca, céntrate en sus genitales. 9. Con delicadeza, muy lentamente, ves llevándola al orgasmo. Y cuando esté a punto te paras. 10. Repite el ciclo siete veces porque siete es el número sagrado de La Bíblia. 11. Al final y sin dejarla alcanzar el orgasmo la levantas, le colocas las alas y le dices: “Ya has sido readmitida en el reino de los cielos. Ahora, si quieres, pues terminas tu mism@”.
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Cuestión de sexos
No hay diferencias notorias entre ambos sexos. Se trata de chupar y lamer, el artista puede muy bien adaptar la técnica al "objeto" sin necesidad de instrucciones complementarias.
Cuestión de número
Tres:
Dos diablos y un solo ángel puede resultar fatigoso – y aburrido para el que no esté en el ajo- Dos ángeles contra un demonio es, desde el punto de vista de organización un alternativa más válida. Se pueden, por ejemplo, repartir el cuerpo del@ diabl@ de tal forma que uno chupe por delante y otro por detrás. También pueden establecer turnos.
Más de tres
Una conversión en masa es siempre un espectáculo digno de ser visto. Esos sí, debe haber una cierta organización. Un solo ángel puede terminar con calambres en la lengua si hay demasiados demonios.
Otras cuestiones
Por supuesto se pueden añadir caricias, toques, incluso suaves golpes para aderezar. Eso sí, siempre con delicadeza y ternura. Tampoco pueden volverse los protagonistas, la técnica dominante debe, en todo momento, ser chupar o lamer.
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