El mito de la exclusividad
"¿Como se puede querer a dos mujeres a la vez? Y no estar loco"
Antonio Machin.

Hace un par de años inicié una serie de post sobre los mitos del amor romántico. Como nunca es tarde si la dicha es buena he decidido continuar con el segundo de los mitos de la lista.
Recordad: Conocer los mitos en que se apoya el virus romántico par colonizar nuestra mente es una forma de prepararse para contrarrestar su ataque.
El mito de la exclusividad es la creencia de que el amor sólo puede sentirse por una única persona (al mismo tiempo).
El amor, al menos como yo lo entiendo, surge cuando se establece un vínculo entre personas basado en una relación en la que todas son cuidadas y a la vez son cuidadoras de las demás.
El vínculo paterno-filial se diferencia porque no ha sido fruto de la elección y es unidireccional. El niño necesita un cuidador (normalmente uno de sus progenitores, o los dos) y el o los cuidadores se sienten impelidos a auxiliarlo y abastecerlo hasta que pueda valerse por si mismo.
El amor entre personas adultas se establece de forma voluntaria y tras un periodo de conocimiento mutuo. No existe un imperativo natural que promueva el establecimiento de ese vínculo. Por eso requiere un esfuerzo y un aprendizaje entre las personas que lo establecen y lo mantienen.
Nuestra cultura ha generado el mito según el cual esta relación sólo es auténtica cuando es exclusiva entre dos personas. Esta idea se introduce en la mente de las personas desde su más tierna infancia y se refuerza constantemente.
Y su presencia no es baladí, cumple una función social muy definida. O la cumplía, porque las cosas empezaron a cambiar en cuanto las mujeres dejaron de ser objeto para empezar a ser sujeto.
La exclusividad sentimental ha sido – y en gran medida sigue siendo- una cuestión de mujeres. El varón, desde tiempo ancestral, se ha permitido querer a más de una mujer a la vez. Abundan las historias de hombres con dos familias y la poligamia ha sido siempre más poliginia (un hombre con varias mujeres) que poliandria (una mujer con varios hombres).
Es este un mito nefasto instalado en nuestra sociedad desde hace diez mil años en las mujeres, cuya generalización a toda la raza humana tuvo lugar durante el siglo XIX. Se originó, según la teoría más acertada en mi opinión, en el momento en que los varones asociaron erotismo con reproducción. Hasta entonces sentían una atracción hacia las mujeres, lo pasaban bien (todos) y nueve meses después, por arte de magia, nacían niños. Pero en un momento determinado los varones observaron la relación y empezó el desastre.
Existe un natural instinto en todas las especies. En principio y si no hay una razón adicional, a un macho no le gusta criar los descendientes de otro. Por lo tanto ante cualquier sospecha de que los hijos pueden no ser suyos los abandona o, como en el caso de los leones, directamente los mata.
Cuando el macho humano descubrió la relación entre eso que daba tanto gustito y el nacimiento de bebes decidió establecer un pacto de no-crianza basado en el control sistemático del Erotismo y la afectividad de las mujeres. A partir de entonces las féminas debían ligarse mental, sexual y afectivamente a un señor, consiguiendo así evitar la crianza de vástagos ajenos a su dotación genética.
El desarrollo de las instituciones culturales quedó fuertemente marcada por esta necesidad. Primero fue muy descarado y se predicó sólo la fidelidad femenina. Con las mujeres relegadas al espacio doméstico, sin ninguna influencia directa sobre la economía o la política, era muy fácil mantenerlas en este estado de exclusividad afectiva.
Sin embargo hubo épocas de cierta emancipación. Los siglos XII y XIII en Europa con las cortes de amor, el siglo XVIII con los salones de las damas cortesanas, por ejemplo. En esos momentos se predicó un igualitarismo falso, un discurso de mutua fidelidad que escondía lo mismo de siempre. Se ensalzaron modelos de hombres interesados en la exclusividad, más míticos que reales, con el objetivo de frenar la liberación afectiva de las mujeres. Porque bajo esa fachada de mutua fidelidad estuvo y está una dependencia afectiva femenina y una autonomía afectiva masculina.
No hay nada en los genes de los humanos que nos impulse a tener relaciones afectivas exclusivas. En otros aspectos de la vida como la amistad o la familia esta exclusividad además de no darse, es muy mal vista.
Venimos de una sexualidad enfocada a la reproducción y de un modelo familiar monógamo exclusivo sólo para mujeres. Es natural que aún siga influyendo sobre nuestra manera de pensar. Pero ya es hora de abrir un poco la mente. Tras cincuenta años de monogamia sucesiva podemos decir concluir que este modelo causa más perjuicio que beneficio. Este todo o nada, sólo conmigo o solo, nos ha traído mucho sufrimiento.
Saber que se trata de un mito, una superstición, con objetivos sociales muy claros nos puede ayudar a vivir la vida un poco mejor. Al virus romántico le encantan este tipo de ideas porque las puede utilizar muy fácilmente para conseguir su objetivo prioritario: Dedicar nuestra energía vital hacia la consecución de objetivos imposibles.
Con todo esto no niego la existencia de personas con vínculos muy fuertes, quizá únicos. Sólo expongo la posibilidad, para nada anormal, de que puedan establecerlos con más de una persona sin por ello ser consideradas como enajenadas, poco maduras o sinvergüenzas.
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