Segundas partes ¿Nunca fueron buenas?

Esta frase, cuyo origen se encuentra en la crítica cinematográfica, es una de las más usadas cuando alguien le pide consejo a un amigo sobre si debe o no reanudar una relación rota. Estoy en general de acuerdo con la apreciación cinéfila, con una excepción: "El Imperio Contraataca" que es, para mí, superior a "La Guerra de las galaxias". Pero en lo referido a las relaciones amorosas discrepo.
Hemos pasado de una época dominada por la obligación de hacer durar las relaciones "hasta que la muerte los separe" a una donde a la mínima dificultad se recomienda el cambio de pareja. Si antes el nacionalcatolicismo coaccionaba a los casados para que no disolvieran su unión aún a costa de ellos mismos, ahora, en democracia, domina el intercambio de parejas. Si, he dicho intercambio de parejas. Porque lo que normalmente se conoce como tal no es intercambio, sino autonomía erótica. Es un intercambio a distancia, sin conocimiento de las partes, pero intercambio al fin y al cabo.
No me voy a convertir en adalid de la indisolubilidad de la pareja. Cuando las cosas no funcionan lo mejor es dejarlo, eso es evidente. Pero señores: Un poco de sentido común. Las personas pueden tomar decisiones equivocadas y no por eso deben sufrir un castigo eterno. A veces vemos las cosas de una manera y, con el tiempo, nuestra opinión o nuestros sentimientos pueden variar. Desaconsejar de forma sistemática todo intento de reemprender un camino interrumpido me pare absurdo, tan absurdo como querer que la relación continúe a toda costa.
Decía Aristóteles que la virtud es el punto medio entre dos vicios. Ni el extremo de la indisolubilidad, ni el dejarlo a la mínima. Deberíamos emplear un poco el sentido común y aceptar que dos personas pueden reflexionar, incluso cambiar de actitud y reconciliarse. Aunque hayan estado un tiempo separados y aunque hayan pasado cosas entre medio. Siempre que esos sucesos no sean irremediables, claro.
Puede salir mal, claro. Pero también puede salir bien. Nada indica su irremediable condena al fracaso. Es más, si lo miramos desde otro punto de vista, sus posibilidades son mayores. Ambos se conocen tanto los defectos como las virtudes, ambos han sufrido con la separación y ambos tienen voluntad de intentarlo de nuevo. Eso sí, es necesaria la firme resolución de no utilizar el pasado como arma arrojadiza y mirar hacia el futuro en una labor de reconstrucción.
Pero esto no gusta al virus romántico. A él le encantan los dos extremos porque así tiene personas empeñadas en conseguir objetivos imposibles. Unas por aguantar carros y carretas y otras por perseguir la relación perfecta e inalcanzable, sin tropezones, sin vueltas atrás y sin concretar nada en profundidad. Le gustan los extremos porque causan sufrimiento, un sufrimiento inútil, su fuente de poder.
Este post se lo dedico a una amiga que ha decido volver a intentarlo. Le deseo todo el éxito del mundo. En mi modesta opinión volver a intentarlo, lejos de ser un tontería, es un acto valiente. Es como ir al dentista por segunda vez, ya sabes que puede doler, pero aún así vas. Como dice la imaginación popular: "Los valientes mueren una vez, los cobardes cada día".
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Actualizado (Lunes, 08 de Agosto de 2011 18:15)




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